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Los Bandha, la práctica de lo sutil

by Aminie Filippi
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¿En qué consisten los Bandha? Desde su dilatada experiencia, Mayte Criado, formadora de profesores de Yoga, arroja un poco de luz sobre sus fundamentos fisiológicos energéticos y biomecánicos.

Por Mayte Criado

Cerradura, bloqueo, contracción muscular, llaves, estimulaciones activas, ataduras, dominación, control, son solo algunos de los términos que he encontrado para definir Bandha. Es esa potente herramienta del Hatha Yoga capaz de aligerar un âsana, centrar la mente y «hacer volar» el cuerpo de quien practica.

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¿Qué son los Bandha?

En mis tres décadas de práctica yóguica, he recibido una variedad inmensa de instrucciones en relación a los Bandha. Todos los practicantes de Yoga lo hemos vivido. El profesorado se afana en encontrar las indicaciones adecuadas para transmitir las claves que necesita ese estado de «sutileza» energética que persigue una práctica avanzada. Con el paso de los años, he sido cada vez más consciente de la complejidad que entrañan los Bandha. No solamente en la práctica, sino en la comprensión de su funcionamiento y más aún, en sus fundamentos fisiológicos y sus efectos energéticos.

Como practicante de Hatha Yoga, también pasé tiempo con medio cuerpo contraído en las posturas. Bloqueaba mi respiración en la garganta e intentaba instalar en mi organismo la idea de cerrar o contraer los músculos de aquí y de allí. Pensaba que de esta manera su fuerza podría concentrar la energía y derivarla hacia algún lugar incomprensible. Terminaba muchas prácticas agotada y decepcionada. Estoy segura de que muchos practicantes tienen este tipo de experiencia y saben de lo que hablo.

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Tuve una época en la que decidí prescindir de la idea de practicar con Bandha. Que lo mejor para mí era integrar una respiración libre y fluida y olvidarme de bloquear, contraer y cerrar mientras permanecía dentro de un âsana. O durante la fase dinámica enlazando unas posturas con las siguientes. Aunque volvía una y otra vez a relacionarme con la idea de practicarlos, siempre encontraba algo que no me dejaba sentirme «conectada». Era como si una suerte de exigencia sin sentido se presentara para tomar el control de mis movimientos, mis posiciones o mi respiración.

Intentar entender

Fue entonces cuando consideré la posibilidad de estudiar las regiones anatómicas que participan en esta práctica ancestral. Estaba segura, y así lo comparto hoy día con las personas a las que formo, de que una perspectiva centrada en comprender las respuestas fisiológicas y funcionales del organismo a la hora de integrar esta potente herramienta, me permitiría adentrarme en los procesos que se suceden en el cuerpo cuando los Bandha están presentes y activos.

Al profundizar y estudiar todo este mecanismo y sus efectos psicosomáticos y energéticos, me encontré también con la consecución de mi propia práctica con bandhas. Eso sí, necesité envolverla con una sensibilidad muy sutil, con un respeto nunca antes experimentado. Y, además, tuve que sumergirme en procurar vivir el cuerpo dentro del propio cuerpo, intentando que ninguna sensación se escapara del aquí. Algo de lo que entendí me liberó de inmediato, de todos los patrones que había instalado en mi mente para lograr practicar con bandhas y, obviamente, con la respiración ujjâyî. Entender los Bandha y la respiración ujjâyî como un efecto y no como una acción fue la clave que me llevó a una práctica profunda y a adecuar las instrucciones y la pedagogía de las sesiones de Hatha Yoga que ofrezco.

Energía vital

Compartir mi experiencia y las conclusiones de todo lo que estudié y practiqué durante varios años, no es algo superficial ni oportuno para un breve escrito. En mis cursos toma el tiempo de varios módulos. Pero considero acertado recordar algunas consideraciones al respecto. Los Bandha permiten redireccionar el prânâ –energía vital– moviendo sus flujos, desde su origen interno, hacia cada uno de los miles de nâdis que los Hatha yoguis nombran como cuerpo sutil. Esta corriente energética se regula a través de los âsanas, el vinyâsa o el prânâyâma y la meditación. Para garantizar dicha regulación, la condición principal reside en la libre circulación del prânâ. Esa alquimia interna, estabilizadora y armonizadora, es el principal objetivo de la práctica del Hatha Yoga: posturas, técnicas de respiración y movimientos en el espacio.

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Instalar los Bandha

O mejor dicho, obtener la vivencia del cuerpo como un todo y posibilitar el equilibrio energético capaz de dicha totalidad, supone un proceso gradual para el que es necesario comprender y desarrollar los procesos que llevan a obtener una profunda relación entre:

  • La fluidez y lo estático.
  • La actividad de cada parte del cuerpo y su aportación al conjunto de la acción.
  • La optimización de las funciones biomecánicas y la armonización de la energía.
  • La inteligencia espontánea del cuerpo y la presencia en dichas sensaciones.

Así, no es necesario «aprender a instalar», o como muchos dicen, «aprender a controlar o activar los Bandha». Los Bandha son el fruto de un proceso de integración. Es decir, la consecuencia real de la práctica del Hatha Yoga cuando esta cultiva la intimidad y la sensibilidad en un trabajo a través del cuerpo y la mente que no tiene nada que ver con forzar o buscar que algo suceda, sino todo lo contrario. Los Bandha aparecen como consecuencia de aquello que ocurre por sí mismo cuando podemos reconocer en la sensaciones que despierta una determinada acción todo aquello que devuelve de forma natural en el cuerpo: la estabilidad, la reconexión, el sentimiento de unidad, la optimización de la energía, la suavidad, la acción basada en la atención consciente y, en definitiva, la plena presencia.

Entender, profundizar y llegar a palpar en uno mismo los efectos de esta importante herramienta es imprescindible para poder acceder a una práctica avanzada. Es ilógico, por no decir incoherente, pensar que la experiencia del «todo» pueda obtenerse a fuerza de contraer músculos, bloquear zonas o cerrarlas.

Respirar

La respiración maneja y gestiona los flujos energéticos en el cuerpo, los conecta, los reaviva y los deriva hacia unas u otras partes del cuerpo. Es imprescindible para acceder a determinados estados de la mente. Afecta directamente la relación que se establece entre la columna vertebral, la pelvis y la caja torácica. La aparición de los Bandha en la práctica refleja las condiciones mediante las cuales la respiración realiza una determinada «canalización» a través de sutiles presiones y depresiones en la entrada y en la salida del propio aire. A su vez, aparece un alargamiento estructural natural entre la caja torácica y la pelvis. Cuando el cuerpo permite los espacios entre estas dos zonas, proyectando la columna hacia arriba (en un impulso que es inherente a la propia acción), la respiración surge para servir de centro de reconexión total del cuerpo.

Los Bandha se originan y aparecen cuando lo que realiza el cuerpo deriva de la conexión que ofrece la respiración al todo llamado cuerpo, generando espacios por los que hacer circular libremente la energía. Cualquier cierre o bloqueo, impediría esta acción espontánea.

Practicando los Bandha en clase, muchas veces se sale más cansado. Se suda no como consecuencia del calor interno que la práctica consciente puede generar, sino como consecuencia del esfuerzo y la lucha por instalar en el cuerpo aquello que solo se obtiene desde las dinámicas que expresan justo lo contrario.

La manera en la que practicamos y nos relacionamos con los objetivos del Yoga puede transformarnos y llevarnos a un nuevo nivel. Un aprendizaje sustancial sobre los espacios y los límites en los que podemos movernos y permanecer en libertad al mismo tiempo.

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