Home Bienestar ¿Por qué se ponen incienso y velas en tu clase de Yoga?

¿Por qué se ponen incienso y velas en tu clase de Yoga?

by Aminie Filippi
incienso
Cuestiones filosóficas que siempre quisiste saber: capítulo III

Quitarte los zapatos antes de entrar a la clase, cantar el Om, usar incienso y velas, dedicar la práctica al inicio de la clase… La popularización del Yoga hace que muchas personas se beneficien de la riqueza de esta práctica, pero también que se pierdan algunos aspectos importantes. Naren Herrero, experto en filosofía de la India, nos ayuda a profundizar en el origen y propósito de algunos elementos propios de la tradición hindú que observamos y practicamos en las clases de Yoga. Para ello, nos ha respondido a esas cuestiones filosóficas de una clase de yoga que siempre quisiste saber y hasta ahora nadie te ha contestado. Hoy te contamos por qué se usan incienso y velas para darle esa atmósfera especial. No te pierdas las que hemos ido publicando en nuestra web y las que iremos ofreciendo en los próximos días.

Por Naren Herrero, periodista y escritor especializado
en la filosofía de la India y del Yoga

Velas e incienso: más que mera decoración

Poner velas puede ser un hecho decorativo. Utilizar incienso puede servir para apaciguar el olor humano que ha quedado en la sala de clase después de una práctica grupal. Pero, si miramos la tradición del Yoga, vemos que estos usos prácticos están arraigados en fines todavía más útiles. Son también profundos simbolismos, que quizás no vemos, pero siguen estando presentes.

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Amigo de los sentidos

Los yoguis experimentados siempre recomiendan crear una buena atmósfera para poder practicar. No solo posturas sino pranayama o meditación, sino que también de tener un sitio limpio, tranquilo y con una vibración inspiradora. De ahí que quitarse los zapatos o cantar Om sean elementos importantes. Ahora, si bien poner los sentidos bajo cierto control es un objetivo del Yoga, la idea no es luchar contra ellos sino hacerse su amigo. Igual que hacemos que un niño se lave los dientes hablándole dulcemente, ofreciéndole un cepillo con forma de cocodrilo o pasta de dientes de fresa.

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Olfato vinculado al elemento tierra

En la misma línea, al quemar incienso, la agradable fragancia nos atrae y nos sitúa en este lugar, el lugar de nuestra práctica. Con el paso de los días, al oler la fragancia familiar nuestro sentido del olfato se centra más fácilmente y también nuestra mente. No es casualidad que, para el pensamiento indio tradicional, el sentido del olfato esté relacionado con el elemento tierra. Siguiendo esta línea, se puede decir que sentir una fragancia agradable nos enraíza y nos asienta.

Es verdad que hay personas que sufren con el olor del incienso y, en ese caso, la misma regla de atraer a los sentidos puede aplicarse a otros métodos. Por eso, para el oído cantamos ciertos mantras invocatorios, como el Om. O nos ponemos la misma ropa o esterilla o cojín para el sentido tacto, que nos preparan para la práctica.

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Purificando las energías

Además de esta capacidad de concentrar la atención, el humo del incienso simbólicamente remite a lo Supremo. Es todo-penetrante, llega a todas partes, hasta el rincón más lejano de la sala. De la misma forma, se entiende que el espíritu también está en todas las cosas, en todos los seres y en todos los sitios. Por ello se utiliza incienso no solo como aromatizador sino también como purificador de la vibración o de la energía en el espacio de práctica.

Hablando de purificar, el fuego es considerado el gran purificador. Lo quema todo, aunque cuando uno enciende una vela o una lamparita de aceite hace hincapié más bien en el aspecto luminoso del fuego. Esta capacidad de dar luz tiene fines prácticos, pero también un aspecto simbólico universal: la importancia de la luz sobre la oscuridad. O, lo que es lo mismo, del conocimiento sobre la ignorancia. Todo el camino del Yoga tradicional tiene como objetivo el autoconocimiento, es decir, poner el foco en nuestra verdadera naturaleza. De ella podríamos decir que es espiritual y no material. Por tanto, encender velas puede representar esa intención de iluminar nuestro ser esencial.

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Cuando en una sala de Yoga hay alguna imagen sagrada o inspiradora de un maestro o deidad, la vela se pone delante de ella como adoración. Dar luz a la imagen es resaltar justamente un objeto o representación de una persona que nos hace de faro para avanzar en nuestro camino.

Por supuesto que se puede practicar sin velas ni incienso, y todavía sería algo auténtico o espiritual. Al mismo tiempo, los elementos externos bien usados nos pueden ayudar a profundizar en nuestra práctica, al menos hasta que esta esté bien arraigada.

PORTADA YJ 112

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